Marek Wolfryd en SOMA

Tuvimos oportunidad de entrevistar a Marek Wolfryd, uno de los artistas que forman parte de la generación 2020 de SOMA. 

Marek Wolfryd, (Ciudad de México, 1989) investiga las prácticas artísticas y los fenómenos culturales como manifestaciones correspondientes al desarrollo de las sociedades contemporáneas. Está interesado en la apropiación como principal proceso para una revisión de nociones como la figura del artista, la estratificación e instrumentalización de la cultura y los relatos históricos del arte. Algunos conceptos recurrentes en su trabajo son el proyecto de modernidad en el contexto de América Latina, los valores simbólicos en la cultura popular y la autoría como instrumento de poder.

  1. ¿Consideras que el mercado del arte afecta los procesos de creación de los propios artistas? ¿Cómo?

Primero que nada, me gustaría comentar que a mi parecer existen diversos mercados artísticos que trabajan directamente con los ejecutantes de las obras, los cuales suministran experiencias muy distintas la una de la otra, tanto para los artistas, como coleccionistas y sus intermediarios.

Creo que este es un detalle importante puesto que existen diferencias estructurales que son muy específicas en cada caso y contexto. 

Un artista que vende su trabajo a través de plataformas en línea o redes sociales tiene experiencias y relaciones con su mercado muy distintas a las que experimenta alguien que comercia en mercados callejeros y ferias de venta directa o de quienes trabajan a través de corredores privados y galerías. También hay quienes se desenvuelven profesionalmente en una mezcla de estos y otros mercados.

La ubicación geográfica también es de gran importancia puesto que incluso mercados artísticos que en teoría tendrían que operar de forma similar varían dependiendo de la localidad. Por ejemplo, no es lo mismo vender en un mercado callejero en Berlín que en otro ubicado en la CDMX como tampoco es igual tener representación de una galería en Bangkok que en Londres, o participar en una feria en Beijín y otra en Miami.

Las relaciones y condiciones incluso se transforman ampliamente de una plataforma virtual a la siguiente, trabajar a través de Instagram no es igual que Ebay y ninguna de las dos es igual que aquellas parecidas al formato de Saatchi Art y sus similares. 

Dicho esto, mi parecer es que los artistas se adaptan a los mercados y los mercados a los artistas. Cada contexto establece e intenta cumplir con lo que el consumidor busca, con sus respectivos matices y opacidades. Las obras de arte en este sentido tienen distintos objetivos; adornar un comedor rústico en la delegación Coyoacán, presumir el trabajo de amigos cercanos en un loft de Brooklyn o llenar hasta su máxima capacidad una bodega del puerto libre de Ginebra, etc. etc.

Me parece que la forma más directa en que el mercado altera los procesos de producción artística es que para empezar permite que estos existan en una amplia diversidad de formatos y conceptos. En el contexto del año 2020, sin la libertad financiera que el mercado ofrece a los artistas habría muchísima menos flexibilidad creativa, al menos en la gran mayoría de los casos de producción enfocada en materia tangible. Sin esta maleabilidad que ofrece el mercado los artistas permanecerían sujetos casi exclusivamente a recursos de origen estatal y/o filantrópicos, los cuales tienden a ser cada vez más escasos, sobre todo en regiones que aún se encuentran vías de desarrollo. 

También es cierto que en ciertos casos el mercado puede dirigir estos procesos de producción a circunstancias que para mí son un tanto complejas. Un ejemplo claro es cuando existe una alta demanda por un cierto tipo de trabajo, orillando muchas veces a que la manufactura se desvié a un proceso de producción en masa. El coloquialmente llamado estudio-fábrica suele ser más cercano al diseño fabricado en serie y es un sistema que tiende a opacar a otros procesos que a mi parecer resultarían más interesantes. 

2.¿Cómo es que se valúa una obra en el mercado? ¿Qué características debe cumplir la pieza?

Para responder esta pregunta sería necesario primero definir de qué tipo de obra estamos hablando. Lo más prudente en este caso sería hablar sobre las obras de arte que ya cuentan con una amplia circulación en el mercado. Es decir, aquellas piezas que ya han transitado por operaciones de compra-venta al menos una vez. Generalmente estas obras son descritas como parte de un mercado secundario. 

Lo primero y más importante que una pieza tiene que tener para ser valuada es una demanda mercantil. Si no existe interés o deseo de poseer un objeto artístico entonces un avalúo de índole comercial es simplemente innecesario. La fórmula es sencilla; si la oferta es mayor que la demanda el precio de las obras generalmente incrementa. 

Usualmente la generación de esta demanda corresponde a una serie de factores sociales, estéticos, económicos, históricos y políticos, que, aunque en su mayoría no tienen que ver directamente con la obra de arte en cuestión -al menos en su esencia- determinan un lugar y precio en el mercado.

3. ¿Qué lugar ocuparía tu pieza desde esta perspectiva crítica? ¿Es parte del mercado del arte o no? Platícanos de tu propia postura frente a la mercantilización artística.

Creo que mi pieza para esta exposición no se tiene que leer necesariamente desde una perspectiva crítica en torno al mercado del arte. El título del proyecto (Portafolio de inversión #1 (Cuando todo lo demás falla la persistencia te demostrará el camino)) intenta hacer principalmente una alusión hacia una transacción bursátil, en donde en este caso hay un activo que en algún momento existió bajo la categoría de lo artístico. Personalmente pienso que estos fragmentos resultantes de operaciones de venta fraccionada se distancian mucho de las obras de arte que alguna vez fueron. 

En este caso quizá sería importante hacer una breve distinción entre lo que creo que es una compra tradicional de obras artísticas y la venta fraccionada. 

La primera tiene como principal naturaleza la adquisición de un elemento entendido como arte, independientemente de las motivaciones (estéticas, sentimentales, especulativas, lúdicas, fortuitas etc. etc. etc.) de dicha transacción. Esta modalidad de compra -en la gran mayoría de los casos- permite que la experiencia principal se desarrolle entre el sujeto y la obra.

La venta fraccionada ocurre únicamente dentro del espectro de lo bursátil, el comprador no puede ser llamado más que un accionista, puesto que lo que en realidad está adquiriendo es un porcentaje de una asociación mercantil. Entonces en este caso la experiencia se desarrolla única y exclusivamente entre el sujeto y el activo. 

Pienso que cuando los objetos artísticos son procesados por este sistema, recluidos, segmentados y destituidos de cualquier posibilidad de práctica interactiva pasan a ser parte de otro tipo de régimen. Y es justo en esta transmutación donde para mi tiene más resonancia este proyecto, me recuerda que todo tipo de experiencia humana puede ser transportada al amplio universo de la mercantilización de todas las cosas, incluido por supuesto el arte. 

 

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4. ¿Qué consideras que vuelve a una obra como parte del circuito del mercado de arte? ¿hay algo más además de la propia pieza valuada en la bolsa?

Para mi desde que un artista existe y se relaciona socialmente dentro de un sistema capitalista todas las obras que ese artista produzca forman parte de ese mercado. 

Por supuesto que las obras que se encuentran a la venta y/o en circulación mercantil tienen una relación mucho más directa con el mercado. Sin embargo, aquellas obras que no se encuentran a la venta o que se mantienen almacenadas ejercen un apalancamiento que aumenta la plusvalía de las que sí están disponibles. 

5. ¿Consideras que el mercado del arte aleja o atrae al espectador? ¿Cómo?

Creo que el mercado es necesario para el crecimiento saludable de cualquier ecosistema artístico. En este sentido pienso que el mercado no solamente atrae espectadores, también genera plataformas y ofrece múltiples oportunidades de interacción. 

Claro que como en todas las cosas debe de existir un balance, si el sistema se inclinara mayoritariamente hacia el mercado perderíamos muchos elementos positivos que el arte tiene sobre el espectador.   

SOMA es una plataforma de formación artística nivel posgrado que cada dos años termina el programa educativo de una generación nueva de artistas contemporáneos. El proyecto virtual/presencial de este año se titula RatAttack!, una miniserie conducida por ratas que puedes encontrar en su web: https://ratattack.somamexico.org/